El aislamiento llegó por sorpresa a nuestras vidas y dos meses de confinamiento, hemos arribado en la desescalada en forma de paseos diarios, comercios semiabiertos y un nuevo ánimo. Para muchos, esta situación supone un alivio y un pequeño paso para regresar progresivamente a las rutinas diarias. Para otros, la vida cotidiana ha perdido su atractivo. Muchas personas siguen sin salir de casa durante los primeros días de esta desescalada. Piensan que es demasiado pronto y desconfían porque muchas personas no están aplicando con seriedad las medidas de protección recomendadas por las autoridades sanitarias.

Después de tanto tiempo en casa, ésta se ha convertido en un lugar seguro, por lo que es normal sentir miedo a la hora de abandonar ese espacio protegido contra el coronavirus. Para algunos de nosotros el miedo, la pereza y algún sentimiento que no sabemos entender ni expresar nos bloquean y nos impiden iniciar el camino hacia la normalidad.

El síndrome de la cabaña es un término que ha sido utilizado para describir el sentir y el hacer de muchas personas estos días. Se trata de un conjunto de síntomas que experimentamos tras un largo tiempo sin poder salir y al empezar a hacerlo, sentimos miedo, inseguridad, ansiedad y pánico asociado al abandono de nuestro refugio. Este síndrome comenzó a describirse a principios del siglo XX, cuando los cazadores y buscadores de oro de Estados Unidos pasaban meses en sus cabañas y el aislamiento les provocaba desconfianza y reaccionaban rehuyendo de todo contacto con la civilización.

¿Por qué nos da miedo salir de nuevo a la calle?

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El miedo es una emoción primaria y tiene como función garantizar nuestra supervivencia. Aparece de forma involuntaria y, a menudo, es incontrolable, Sin él, nos habríamos extinguido como especie hace muchos años. El coronavirus es una amenaza real que está matando a miles de personas en el mundo, por eso el miedo, habitando la zona más ancestral de nuestro cerebro, se activa de forma cuasi-automática para protegernos.
Se convierte en un problema cuando es muy intenso, duradero y viene acompañado de otros síntomas y comportamientos, como el de evitar salir. Recordemos, que el virus no ha desaparecido ni existe vacuna, esto incrementa la inseguridad, la incertidumbre, el temor y la ansiedad.

A todo esto, se le añade otra emoción: el enfado. El ver cómo hay personas que no respetan las normas y no son conscientes del peligro que supone sus conductas para todos nos genera ira y frustración. Y con ello, perdemos la esperanza de que las cosas vayan a mejor y poder salir con tranquilidad y sin peligro.
Por otra parte, el exceso de sobre-exposición a las noticias alimenta nuestra ansiedad e incrementa nuestros temores, favoreciendo comportamientos defensivos.

Un coctel complejo de situaciones, sentimientos y pensamientos provoca que asociemos la calle a peligro y percibamos nuestra casa como el único lugar seguro. Tras tantas semanas de confinamiento, nuestro cerebro se ha habituado a la seguridad de nuestro hogar.

Síntomas del "síndrome de la cabaña"

Aunque cada persona experimenta unos síntomas diferentes, es muy frecuente que aparezcan:
- Alteraciones en los patrones de sueño: mayor frecuencia de siestas duraderas, sensaciones de cansancio y letargo, insomnio.
- Trastornos en la alimentación, uso inadecuado de fármacos auto-prescriptos y el incremento del consumo de alcohol y tabaco.
- Dificultad para la concentración y déficits de memoria.
- Sensación de nerviosismo y desasosiego. acompañado de taquicardias. En los casos más externos, crisis de pánico.
- Síntomas depresivos y ansiosos de diferente intensidad.
- Miedo excesivo e invalidante.
- Apatía general y falta de motivación para realizar tareas, especialmente, aquellas que conllevan contacto con el exterior.
- Emociones desagradables, como angustia, miedo, inseguridad, tristeza o frustración.
- Rituales cuasi patológicos. Como el de aquellos que tras lavarse y desinfectarse las manos se siguen sintiendo sucios y tras la repetición compulsiva llegan a provocarse afecciones cutáneas sin lograr el ansiado sentimiento de seguridad y limpieza.

Las etiquetas nos ayudan a entender la realidad, pero su simplicidad a veces nos conduce a conclusiones erróneas. Esto es especialmente peligroso cuando se las aplicamos a las personas. Cada ser humano es único e irrepetible. Cada rostro o sus huellas son inconfundibles y, sin duda, su forma de pensar, sentir y reaccionar ante las situaciones es original. Cada uno de nosotros hemos vivenciado de forma muy personal el confinamiento y abordaremos la salida de él mismo desde nuestra peculiar personalidad.

Por otra parte, y para calibrar adecuadamente estos síntomas, hemos de medir la intensidad de cada uno de ellos y las consecuencias sobre nuestras conductas de los mismos. En este sentido podríamos crear dos nuevas etiquetas: “El mini-síndrome de la cabaña” que definiría unos niveles de miedo y sintomatología leve que casi todos hemos vivido estos días. Y el “síndrome patológico de la cabaña”, donde el alto nivel de intensidad de los síntomas y las graves consecuencias exigiría la intervención de los profesionales de la salud mental para ofrecer tratamiento a las personas que lo padecen.

Aunque todos somos es vulnerables, hay cuatro colectivos que nos preocupan especialmente:
- Las personas de riesgo, especialmente los mayores, dado que la insistencia razonable en proponer medidas reforzadas de prevención puede producir incrementos muy significativos del sentimiento de temor que lleguen a bloquear los necesarios pasos hacia la normalización.
- Las personas con patologías de salud mental para las cuales el confinamiento lleve asociado un agravamiento de la sintomatología asociada a su enfermedad.
- Los niños y niñas que, usando su imaginación, han dibujado un mundo habitado de monstruos invisibles, donde al “coco” le ha sustituido “el coronavirus” y que, como nos refieren muchos padres y madres, manifiestan un miedo cuasi- patológico, una resistencia tenaz y alguna “pataleta” a la hora de salir a la calle.
- Las personas que han perdido a un ser querido, donde a las especiales circunstancias del duelo, debemos añadirle el lógico incremento del temor por la traumática experiencia vivida.

¿Qué podemos hacer?

El virus ha venido para quedarse entre nosotros y cada uno debemos diseñar nuestras estrategias para recobrar nuestras vidas y rutinas. Estamos convencidos, la mayoría de las personas contamos con las habilidades necesarias para enfrentarnos a nuestros miedos y reinventarnos, conquistando espacios de normalidad, al tiempo, que extremamos las medidas de protección frente al virus.

Nuestra campaña “QUÉ NOTE PARE EL MIEDO” es una invitación a superar el temor, salir a la calle, relacionarnos con los otros y retomar nuestras vidas, sin perder de vista la necesidad de protegernos y cuidar a los demás extremando la aplicación de las medidas recomendadas por las autoridades sanitarias.

De todos modos, estas son algunas sencillas pautas para que puedas elaborar tu estrategia, te invitamos, imitando a nuestros sanitarios en la primera fase de la pandemia, a confeccionar tu propia EPI emocional:

- Date tiempo. Estamos ante una pandemia y, por lo tanto, es comprensible tener un abanico de emociones y sentimientos contradictorios. Debes darte tiempo para aceptar y gestionar la nueva situación. Entiende que cada uno tenemos nuestros tiempos y ritmos, por eso es importante no forzarnos a nosotros mismos ni a los demás. Ser paciente e ir dando pequeños pasos.
- Acepta el miedo: El primer escalón es reconocer que se tiene miedo. Y subirlo ya es muy importante. Debes escuchar tu miedo, no para bloquearte o paralizarte, sino para saber por qué está ahí. Por mucho que intentes ignorarla, seguirá ahí para intentar protegerte.
- Cuida el diálogo interno. Evita alimentar los miedos y las inseguridades. Es importante cuidar lo que te dices a ti mismo. No caigas en el negativismo y susúrrate mensajes de comprensión y ánimo.
- Analiza tus pensamientos irracionales, especialmente los catastrofistas, refútalos con argumentos
- Relájate y respira: El estrés acumulado en estos días y la ansiedad que te produce salir pueden llegarte de golpe, sin aviarte. Las reacciones fisiológicas y psíquicas aparecen más allá de nuestro control. Pero todos contamos con una gran aliada, la respiración. Con ella puedes conseguir calmar tus nervios y controlar la situación.
- Establece rutinas y objetivos. Márcate nuevas rutinas y objetivos muy a corto plazo. No te dejes arrastrar por el letargo o la inactividad. Un día más es un día menos: “partido a partido”
- No reprimas tus emociones: reconócelas, nómbralas, acéptalas y compártelas.
- Exponte progresivamente. Sal de forma paulatina para enfrentarte al miedo y a la inseguridad que produce salir fuera del refugio. Lo importante es entender y sentir que, si se sale a la calle con las medidas adecuadas, no tiene por qué pasar nada. Poco a poco, ve aumentando el tiempo de salida para poder sentir seguridad y vencer el temor.
- Gestiona tu rabia: Puede que al salir te encuentres con gente irresponsable que no cumple las normas y que esto te produzca malestar, perdiendo las ganas de ir a la calle. Tu enfado es lógico, pero debes saber gestionarlo para que no acabe pasándote factura. Piensa que habrá gente que lo haga mal, pero también otra mucha que cumpliendo. Evita pasar por dónde haya gente reunida y ocúpate en ser responsable. Céntrate en lo que sí puedes controlar y no malgastes energía en algo que no depende de ti.
- Comunícate: Una de las estrategias más eficaces es compartir con los demás tus sentimientos y miedos, escuchar sus experiencias, ayudar y ser ayudado, sentirte parte de una comunidad trabajando junta para superar la crisis. En la comunicación y el sentimiento de comunidad encontrarás la mejor motivación para superar tus miedos.

Si te sientes superado por la situación. Si los síntomas persistan, se incrementan en intensidad y te bloquean en el día a día, es necesario pedir ayuda psicológica. Como en cualquier situación problemática una intervención temprana favorece un mejor pronóstico.

Si necesitas ayuda psicológica, los profesionales del Teléfono de la Esperanza estamos a tu disposición en www.compartevida.es y si no tienes con quién compartir tus miedos y preocupaciones los voluntarios te escuchan en el 941 49 06 06.

Durante la cuarentena, hemos recibido más de treinta mil llamadas. Nuestros voluntarios han escuchado y compartido soledades, angustias, miedos, duelos, inseguridades conflictos en los hogares …. mucho, mucho sufrimiento. Más de novecientas personas han recurrido a nuestros profesionales para recibir primeros auxilios psicológicos. No eres un extraterrestre por sentir lo que sientes. Si el sufrimiento, el miedo y la desesperanza te alcanzan, y no tienes con quien compartirlos, llámanos.

Un fuerte abrazo virtual de todos los hombres y mujeres del Teléfono de la Esperanza.

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